
Así pues, mientras duró la guerra, el principal artículo de exportación coreana fueron las narices humanas recién cortadas. Se enviaban por miles, cada una de ellas debidamente etiquetada con el nombre y datos de su aguerrido recolector. Evidentemente, si con las cabezas cortadas ya había mucha picaresca y, con tal de adjudicarse el mérito de la pieza, se acababan rebanando pescuezos de guerreros caídos por el campo de batalla de forma indiscriminada, con las orejas y las narices pasó tres cuartos de lo mismo. Solo que, esta vez, el engaño tomaba un giro bastante más macabro. No pocas veces los japoneses acabaron rebanando los apéndices nasales de civiles y campesinos, mujeres y niños incluidos, para hacerlos pasar por los de soldados enemigos vencidos.

Hoy, más de 400 años después, la Mimizuka original sigue en pie, cubierta de hierba, rellena de tierra y carne humana. Cualquiera que se dé un paseo por los tranquilos arrabales al Este de Kyoto puede visitarla, si bien no es precisamente la atracción estrella de la vieja capital. Pocas guías turísticas la mencionan. Tampoco los libros de texto de los escolares japoneses. Tan solo una modesta placa conmemorativa, a la entrada del parquecillo donde se erige, recuerda la barbarie de aquella guerra y ruega por el descanso eterno de las pobres almas de los mutilados. Nadie en Japón parece querer acordarse de todo aquello. Prácticamente los únicos que visitan la Mimizuka hoy en día, además de los vecinos del barrio que cuidan de ella de manera desinteresada, son turistas coreanos. Han pasado cuatro siglos, pero las dos Coreas no olvidarán fácilmente aquel horror.
Fuentes e imágenes: (Samurai Invasion: Japan’s Korean War 1592 -1598, Turnbull Stephen. Javier Sanz y R. Ibarzabal de Historias de la histroria).
Macabro, sin duda, pero aleccionador, voy a poner mi nariz a buen recaudo lejos de malas tentaciones. Un abrazo.
ResponderEliminarEn otra ocasión te contaré cosas sobre las narices y el mar, te vas a quedar a cuadros. Pero es secreto, es algo que sale en mi nueva novela como curiosidad, y no lo quiero desvelar.
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