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martes, 2 de febrero de 2016

LA ARMADA INVENCIBLE. ¿POR QUÉ Y CÓMO?

La Armada enviada por Felipe II contra Inglaterra en 1588 siempre ha estado rodeada de muchos misterios y leyendas..
Motivos de Felipe II para la invasión de Inglaterra:

  • Inglaterra estaba prestado ayuda a los rebeldes de Flandes.
  • Los piratas ingleses atacaban los barcos españoles.
  • Fanatismo religioso de Felipe II por imponer el catolicismo a los ingleses.


El primer contratiempo fue el fallecimiento de Don Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, que estaba al mando de la “empresa”. Para sustituirle, Felipe II eligió a Don Alonso Pérez de Guzmán, duque de Median Sidonia. Si bien no era un prestigioso marino, como Don Alvaro, aportaba muchos recursos económicos y tení­a influencias en la costa atlántica, de donde partirí­a la flota. Se llegó a decir que Don Alonso se mareaba en los barcos y que pidió al monarca no comandar la flota. Pero el duque estaba acompañado de Diego Flores de Valdés, experto marino como asesor naval, y el mando de la operación pasarí­a a manos de Alejandro Farnesio, duque de Parma, cuando llegasen a Flandes.

El papa Sixto V prometió financiación que nunca llegó y los franceses apoyarí­an a los católicos cuando invadiesen Inglaterra.

La Armada en ningún momento se creo para enfrentarse a los barcos ingleses en el mar, si no que su cometido era el de transportar las tropas hasta Flandes, para reunirse con el duque de Parma y embarcar a los Tercios, verdadera punta de lanza de invasión. La flota española estaba compuesta, en su mayorí­a, por grandes galeones y mercantes armados. Los barcos españoles, así­ como su artillerí­a, eran grandes, lentos, y difí­ciles de maniobrar. La flota inglesa era ligera y rápida, más adecuada a las difí­ciles aguas del canal de la Mancha. Así­ que a la flota inglesa, comandada por el almirante Charles Howard y el “pirata” Drake, no les fue complicado dispersar a la gran flota y atacar a un número de unidades más pequeño. Disparaban más rapido que los españoles y nunca dejaron que las moles flotantes se acercasen a sus rápidas embarcaciones. Sin ser las pérdidas importantes, la Armada no pudo llegar a Flandes y embarcar a los Tercios, por lo que el de Medina Sidonia decidió regresar a tierras españolas. De los 130 barcos que partieron, todaví­a quedaban 116.

El regreso fue bordeando Escocia y después Irlanda. La falta de ví­veres y de agua, las tormentas y las enfermedades causaron muchos más daños que los combates anteriores. En la batalla con los ingleses fallecieron unos 1.500 hombres y unos 18.000 hombres en recorrido de vuelta a casa. Sólo llegaron unos 10.000 hombres del total de 30.000 que partieron de Lisboa.

Pero este desastre, cuasi natural, no impidió a la marina española seguir siendo la más importante. Como ejemplo, en el año 1589 una escuadra mandada por Drake saqueó La Coruña y llegó a Lisboa, donde fue rechazada y perdieron más de 10.000 hombres de los 17.000 que componí­an la expedición. Los ataques a los barcos que transportaba la plata de América fue constante, por ejemplo, en el año 1591 el almirante Howard de Effingham intentó atacar a la flota de las Indias pero nuestros barcos lograron acercarse a los ingleses, para trabar combate “cuerpo a cuerpo”, y los hicieron huir. En el año 1604 fallece Isabel I de Inglaterra y se firma la paz.

Fuente: (Javier Sanz. Historias de la história).

1962. UNA CANASTA QUE OBLIGÓ A CAMBIAR LAS REGLAS DEL BALONCESTO.


En los cuartos de final de la V Copa de Europa, temporada 1961-62, el campeón español, Real Madrid, debía medirse al campeón italiano, Ignis Varese, por el pase a las semifinales. En esta época los enfrentamientos se producían a doble partido pasando a la siguiente eliminatoria el equipo con mayor suma de puntos en el global de la eliminatoria. El sorteo decidió que el primer partido se disputase en campo italiano y el partido de vuelta en la capital española.

El partido de ida se celebró el día 18 de enero de 1962 en Varese, un pueblecito cercano a Milán donde estaba ubicada la factoría de Ignis que daba trabajo a la mayor parte de la población. El campo era una ratonera: suelo de cemento, escasa iluminación y el público a pie de pista. El ambiente era ensordecedor, con 2.000 enardecidos hinchas italianos gritando “¡Forza, Varese!”.

La plantilla del Real Madrid estaba entonces formada por Emiliano Rodríguez, Carlos Sevillano, José Lluis Cortés, Wayne Hightower, Stan Morrison, Lolo Sáinz, Julio Descartín, José Ramón Durán, Llopis y Lorenzo Alocén con Pedro Ferrándiz como entrenador. El Madrid mantuvo una cómoda ventaja pero varias decisiones arbitrales, las faltas personales y alguna lesión llevaron a los italianos a empatar el partido a 80 puntos a falta de unos segundos…. Pedro Fernández pidió tiempo muerto. Sacó a Lorenzo Alocén y le dijo:

—Ya sabes lo que hay que hacer…

Ferrándiz ya lo había comentado con sus jugadores antes del partido… era mejor perder por dos puntos e intentar remontar en casa que una prórroga de cinco minutos en aquellas circunstancias. Además, advirtió que nada más terminar el partido saliesen corriendo hacia los vestuarios. Sacaron de fondo y Alocén anotó en su propia canasta… el Madrid perdió por dos puntos. Siguiendo el plan previsto, y para evitar suspicacias, sus compañeros le recriminaron lo que acababa de hacer. El público se volvió loco de alegría y los árbitros no entendían qué pasaba, pero los jugadores del Varese comprendieron la jugada y comenzaron a protestar.
El Varese protestó ante la FIBA por la autocanasta pero el Madrid no había vulnerado ningún artículo del reglamento, así que el resultado tuvo que darse por bueno. Unos meses más tarde, la FIBA modificó el reglamento:

"La autocanasta anotada en los últimos instantes de un partido que evite un empate como resultado final, comportará la inmediata descalificación del equipo durante dos años y multa de 1.000 dólares".

En el partido de vuelta, disputado en el Frontón Fiesta Alegre el 7 de febrero de 1962, el Real Madrid venció al Ignis por 83-62 y pasó a la siguiente ronda.

Fuente: (JaVier Sanz. Historias de la historia).

lunes, 1 de febrero de 2016

SOBRE EL AMOR, LA ESPERA Y LA MUERTE. Microrelato.




Miro por la ventana, tarde lluviosa, triste y gris el cielo, factores que no ensombrecen mi ánimo, mucho tiempo había pasado desde que ella se fue, demasiado, pero al fin parecía que había llegado mi anhelado momento, momento de reencuentro, juntos otra vez. Sé que a veces las cosas cambian, personas, situaciones, todo, pero lo que no cambiaría nunca sería mi amor por ella, ese amor con el que me enseño a vivir. Se fue hace tantos años,  maldita, cruel e injusta  enfermedad, también en una tarde parecida a la de hoy, sé que me espera, ansío verla, la amo, siempre la amé, por eso y a pesar de todo, esta tarde volveré junto a ella tras una dilatada vida recordándola. Estoy postrado en la cama, sonriendo, lleno de amor y esperanza. Fue entonces cuando decidí morir, morir por ella, por amor.


Santiago R. Hernández Sáez


LA LEYENDA DEL SOLDADO Y EL AMANECER ROJO. Relato corto.

Plagados están los días de preciosos amaneceres, de luces y sombras, que nos evocan sentimientos y pasiones, amores y tristezas; que nos hacen sentir. Amanece el día para morir horas después con la caída del sol, el ocaso del astro rey, indiscutible protagonista siempre… siempre.
Testigo pude de uno de aquellos que nunca olvidaré mientras viva: rojo, amenazante y traidor; que tan sólo pudo dar paso a un idílico final… muerte y desolación.
Soldado fui en Marruecos, dónde la Gloriosa España imponía su voluntad a base de sable y bayoneta, sembrando muerte por donde pasaba: desolación, hambre y pobreza.
Reclutado me encontré a mi más temprana edad, como soldado de la Gloriosa España, al servicio de un caduco imperio, rancio y desalmado, dirigido por corruptas mentes de grandes hombres que no merecieron su lugar en la historia; corruptos y llenos de ansias de poder a cualquier precio, precio que siempre pagaban los más desfavorecidos.
En las calurosas y misteriosas tierras del norte de África acabé destinado tras el periodo de instrucción como recluta, junto con algunos de mis recientes camaradas y amigos; gente que conocí y la que una relación casi de hermanos nos unía. Muchos iniciamos aquel viaje a Ceuta, pero solo unos pocos regresamos realmente; quizá todos de alguna manera, unos en barco de vapor y otros en nuestras mentes para siempre bajo un emotivo y triste recuerdo, pues sus humanos cuerpos quedaron en las yermas y ardientes tierras del Valle de los Castillejos, cerca de la plaza defendida a tan alto y vil precio    — el de sus vidas— Aunque sólo mantener vivo su recuerdo, les hace estar presentes de por vida en nuestra memoria colectiva de por vida.
 La peor dicha de un soldado es caer en el olvido, y para eso estamos los que tuvimos la suerte de regresar, es nuestro deber para con ellos tenerlos siempre presentes y que su sacrificio no fuera en vano; por eso, cada día de mi vida sigo levantándome al alba para ver el amanecer, disfrutar de su majestuosidad y belleza, pero sobre todo su color, en recuerdo de aquel día que nunca olvidaré mientras viva.
En el amanecer del día uno de enero del año 1860, iniciamos la marcha hacia Tetuán, siguiendo el camino de ese mismo nombre, paralelo a la playa de Taraja. Mirábamos extrañados ese color especial del nuevo día, era distinto; el rojo resplandor nos auguraba un final sangriento. Entre las tropas, se forjaba un sentimiento de miedo al desenlace del día, nadie sabía dónde íbamos ni para qué con certeza, simplemente a hacer justicia en nombre de España; llenas nuestras almas de inquietud y temor, avanzábamos en columna hacia lo desconocido.
Eran 10.000 los jóvenes que para tal acción militar se movilizaron desde la península; mozos que iniciaban sus vidas, que trabajaban, con padres y madres, hermanos y hasta novia algunos, proyectos y toda una vida por delante. Vidas que se exponían a una suerte incierta y el riesgo de no regresar nunca más a su hogar.
Unos 100 fueron los elegidos por Dios, Alá o el diablo, para que dejaran sus ilusiones y proyectos, sus vidas. Allí, en el Valle de los Castillejos, donde la historia engrandece al general Prim por su victoria, permanecen esos bravos soldados que sin pedir nada a cambio sacrificaron sus vidas; allí donde anónimos hombres sólo viven en la memoria de los que les acompañaron y compartieron con ellos el horror de la guerra, de la vida y la muerte.
Por eso, cada mañana me levanto y lo seguiré haciendo siempre, para ver el amanecer, y cuando es rojo, como el de aquella fatídica jornada, un halo de orgullo llena mi pecho, orgulloso de aquellos que nos dejaron, de su sacrificio. La emoción me embarga y hasta perlas en forma de lágrimas recorren mi cara; miro fijamente, no pierdo detalle, hasta que la luz llena el nuevo amanecer, ese que los que sobrevivimos tenemos la suerte de disfrutar, de ahí que hay que aprovechar cada día como un regalo, algo que ellos no tuvieron.  Por ellos y por nosotros, por su memoria.

En recuerdo de ellos, cada amanecer rojo que tengo la suerte y el placer de disfrutar, es para mí un tributo, una especie de homenaje eterno, indestructible e indiscutible; pues un monumento por el paso del tiempo puede llegar a desaparecer, pero el inicio de cada día, está más allá de la voluntad de hombres o dioses.
Por eso, cada vez que el color rojo es predominante al alba, el tributo a los soldados caídos se muestra emocionante, emotivo;  recordándonos que están presentes en nuestra memoria eternamente, en forma de solemne acto con una presencia fugaz.
Cuenta la leyenda que, asomados al alba, nos miran orgullosos desde su posición, agradecidos de que el olvido no haga mella en nosotros, y que se les recuerde como lo que eran, simples hombres que dieron su vida por otros.
Les enseñé esto a mis hijos, que lo valoraron en su justa medida; y llegados los últimos años de mi vida, intento transmitir este sentimiento a mis nietos; ellos no entienden a un anciano y sus recuerdos.
Para ellos un amanecer es un amanecer, son todos iguales me dicen. Las batallitas…
Quizá un recuerdo tenga su caducidad dentro de cada generación, después ya no significa nada para la siguiente. Una generación no entiende los valores de la otra. Será la ley de la vida; pero para mí, las cosas siguen teniendo unos valores mientras viva, y así deseo que sean.

Cada amanecer rojo es, sin duda, el merecido y solemne tributo e indestructible a la memoria del soldado caído. Para los demás, están los libros de historia.

Santiago R. hernández Sáez.

domingo, 31 de enero de 2016

JAKE RYAN YA ESTÁ DISPONIBLE EN AMAZON


Por fin la novela histórica "Jake Ryan y el manuscrito de Ricardo de Chrartres" está disponible en Amazon. Gracias a Alexander Copperwhite por su inestimable ayuda en esto. Espero que lo disfrutéis, y también que aportéis vuestra opinión.

Siglo XIV, Hernán de Toledo con el sobrenombre de Jake Ryan, acometerá una investigación financiada por la Casa de Borgoña en Escocia.
Acompañado de Godofredo de París, Juan el fraile y el propio Philippe I de Borgoña, iniciarán un viaje hasta Rosslynn, donde deberán buscar los manuscritos de Ricardo de Chartres, un antiguo templario que les podría dar la pista para encontrar mapas secretos que les llevan hasta un gran secreto, las rutas que salían desde el puerto de La Roselle en Francia con destino desconocido. Barcos de la Orden del temple regresaban cargados de plata, pero nadie sabía de dónde. Aventura, traición, pasión y un sin fin de situaciones acompañarán a los protagonistas a lo largo de su aventura. Además Hernán encontrará a alguien de su pasado que marcará su vida para siempre. Es una novela que no se puede dejar pasar. Fácil de leer, y sobre todo que engancha desde el principio; entretenida y con un trabajo de documentación importante.

ENRIQUE I DE CASTILLA. MUERTO DE UNA PEDRADA.


Hay en la historia de la humanidad muertes absurdas, pero cuando se atribuyen a un rey, suelen llegar hasta nuestros días. Este es el caso, del joven Rey Enrique I de Castilla (Valladolid, 14 de abril de 1204-Palencia, 6 de junio de 1217), fue rey de Castilla entre 1214 y 1217, año en que falleció como consecuencia de un accidente en la ciudad de Palencia. Fue hijo de Alfonso VIII y de su esposa, la reina Leonor de Plantagenet (nada más y nada menos). Le sucedió en el trono su hermana la reina Berenguela quien después renunció en su hijo, el futuro rey Fernando III.

Enrique falleció a los trece años de edad de modo accidental, y como consecuencia de una herida recibida en el Palacio episcopal de Palencia mientras jugaba con otros niños. Los Anales Toledanos Primeros refieren del siguiente modo la muerte de Enrique I de Castilla, ocurrida el 6 de junio de 1217 cuando tenía trece años, un mes y veintitrés días de edad:

"El rey don Enric trevellaba con sus mozos e firiolo un mozo con una piedra en la cabeza non por su grado e murió ende VI días de junio en día de martes era MCCLV".

Después de su defunción, el cadáver del rey Enrique fue conducido por el conde Álvaro Núñez de Lara al municipio de Tariego de Cerrato, situado entre las ciudades de Burgos y Dueñas, a fin de ocultar su muerte. Su hermana Berenguela, que le sucedió en el trono castellano, sin embargo se apoderó de la ciudad de Dueñas y envió a los obispos de Palencia y de Burgos a hacerse cargo de los restos mortales del difunto rey y posteriormente los acompañó hasta el Monasterio de de las Huelgas de Burgos donde recibieron sepultura.

Fuente: (Muyhistoria y Wikipedia).

CADA UNO A SU BOLA: "DICKENS, TRUMAN CAPOTE Y UMBERTO ECO. "


Charles Dickens es la excepción a la regla que dice que los escritores necesitan soledad para concentrarse. Esto fue lo que su cuñado Burntt contó sobre él en una ocasión:


"Una tarde en Doughty Street, la señora Dickens, mi esposa y yo estábamos charlando de lo divino y lo humano al amor de la lumbre, cuando de repente apareció Dickens. “¿Cómo, vosotros aquí?”, exclamó. “Estupendo, ahora mismo me traigo el trabajo”. Poco después reapareció con el manuscrito de Oliver Twist; luego sin dejar de hablar se sentó a una mesita, nos rogó que siguiéramos con nuestra charla y reanudó la escritura, muy deprisa. De vez en cuando intervenía él también en nuestras bromas, pero sin dejar de mover la pluma. Luego volvía a sus papeles, con la lengua apretada entre los labios y las cejas trepidantes, atrapado en medio de los personajes que estaba describiendo…"

Truman Capote planificaba su obra literaria con increíble antelación. El también escritor Paul Bowles contó en su día esto sobre él:

"Un día Truman nos trazó su programa literario para los siguientes veinte años. Era tan detallado que por supuesto lo tomé como una fantasía. Parecía imposible que alguien supiese con tanta anticipación lo que iba a escribir. Pues bien, todas las obras que había descrito en 1949 fueron apareciendo, una tras otra, en los años posteriores. Estaban todas en su cabeza esperando a ser incubadas".


Umberto Eco, contrario a otros escritores más radicales, combina la escritura a mano con el ordenador:

"Uso los dos instrumentos, pero no indistintamente sino con arreglo a un estado de ánimo o una situación. Algunos asuntos requieren la lentitud de la escritura a mano, justamente porque el papel se resiste a la velocidad del pensamiento. Otros, sobre todo los que se han reflexionado mucho, se prestan mejor a ser tecleados, porque hace falta, literalmente, arrojarlos de sí".

Fuente: (Actualidad Literaria).