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martes, 31 de mayo de 2016

SIRENA DE BAR (MICRO RELATO).

Era una sirena de bar, ni guapa ni fea; del montón. Con una peculiaridad común en muchas personas, no tenía suerte en el amor.
Cada fin de semana “cazaba”, pero al final siempre se iban. Poco o ningún tiempo le duraban sus “conquistas”, eso sí, la actividad sexual era frenética; pero ella buscaba alguien con quien compartir algo más.
Directamente se los llevaba a su propia casa, dónde vivía con su madre, la que acabó acostumbrándose a tantas y distintas compañías nocturnas que su hija traía.
Un domingo por la mañana su madre la pilló levantada.
—Se ha ido ¿Verdad?
—Sí mamá, pero volverá en un rato, me dijo que iba a comprar tabaco y regresaba.
—Nena, pareces tonta, siempre igual. Se aprovechan de ti y luego se van, y muchos con esa misma excusa.
—Este no mamá, tomé precauciones… le escondí el mechero.
—Lo que yo decía, eres tonta.

domingo, 29 de mayo de 2016

CAMINO DE SANTIAGO. (MICRO RELATO).

Camino de Santiago, 16 de Julio del año 1238. A paso lento y cansino, con esfuerzo visible en sus rostros, pero con la felicidad en sus almas; su fe les guiaba dándoles las fuerzas que sus cuerpos necesitaban.
Ya divisaban su destino cuando, como por arte de magia, les salió al encuentro un niño, con la cara demacrada y con una delgadez extrema en su cuerpo.
—Caminantes ¿a Santiago vais?
—Así es, pequeño.
—Guardáos del rayo y del trueno…
Se miraron extrañados, y al volver la vista hacia dónde estaba el niño, ¡había desaparecido!
Sin entender lo sucedido, y aún extrañados por el suceso, siguieron el camino hasta una hospedería.
—Bienvenidos seáis peregrinos, aquí podréis descansar, lavaros un poco y comer algo; entrad.
Se lavaron, comieron y descansaron, y así, pasó la noche.
A la mañana siguiente reanudaron el camino a primera hora. Una tormenta llegó sin avisar, rayos y truenos caían aquella mañana.
Se acordaron del niño, y regresaron al hospicio.
—¿Por casualidad ayer no veríais a un niño?
—Sí.
—Dad gracias a que hoy es San Alejo, solo en la víspera avisa a algún peregrino.
En ese momento un rayo partió un árbol y cayó en el camino.



¿SI LA MONTAÑA NO VA A MAHOMA, MAHOMA IRÁ A LA MONTAÑA?

¿SI LA MONTAÑA NO VA A MAHOMA, MAHOMA IRÁ A LA MONTAÑA?
Frase archiconocida y utilizada, pero no pertenece a ningún texto sagrado islámico. Forma parte de una parábola inventada por el filósofo británico Francis Bacon.

martes, 24 de mayo de 2016

OPERACIÓN KITTY II. EL DESENLACE.

Alicante. 05:00 horas.
Se abría la barrera del cuartel de Rabasa, y por ella salían dos vehículos, un Peugeot 406 y un Wolswagen Passat, ambos de color azul oscuro y con los cristales ahumados. Acto seguido otros dos coches de la policía nacional les seguían, dos Picasso.
Giraron a la izquierda y tomaron dirección a la autovía.  Al llegar a la altura de la rotonda de la universidad de Alicante, el ruido de un helicóptero se hizo patente, les escoltaban también desde el cielo.
Su objetivo: el aeropuerto internacional de El Altet, dónde se les esperaba.
En pocos minutos alcanzaron esta población alicantina, el convoy entró sin problemas, la seguridad estaba avisada y ninguna traba se les pondría, además se desplegó un fuerte dispositivo al mando de la Guardia Civil.
Accedieron a las pistas, dónde un Falcon 900 del Ejército del aire para trasporte de personalidades les estaba esperando. Un aparato de color blanco, con el morro en rojo y con los números  identificativos  45-42.
A sus pies, ante la escalerilla de acceso a la aeronave, había agentes del Cuerpo Nacional de Policía con equipo táctico, armamento y cubriendo un amplio despliegue de seguridad.
Los coches, frenaron justo delante de la puerta de acceso al avión. Del Peugeot se apearon dos personas, una de las cuales portaba lo que parecía ser una jaula de trasporte de animales cubierta.
Subieron sin tardanza, y se cerró la puerta, sonando los potentes motores del Falcón al ponerse en marcha.
Pasados unos minutos el morro rojo de aquel 45-42 alzaba el vuelo, rumbo hacia Madrid.
Los coches se retiraron cada cual a su destino, el helicóptero hacía rato que no se escuchaba, y en uno de los Picasso de la Policía Nacional, un policía le decía al otro:
—Qué servicio de escolta tan extraño.
—La verdad es que sí, compañero.
—Ahora sigamos, pero como los “polis” de verdad.
Y metió un CD en el equipo de audio. Empezó a sonar una canción muy conocida:
—“Apatrullando la ciudad, por la noche y con el coche, apratrulla la ciudad…”
Ambos rieron a carcajadas.
—¡Anda tira ya, Cachondo!
—Jajajajajajaja.
—La madre que te parió, eres el tipo más extraño con el que he trabajado, gitano, madero y que le encanta El Fary.
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El Falcon aterrizó en la Base Aérea de Getafe, dónde otra comitiva esperaba.
Con un operativo similar al que se montó en Alicante, la jaula llegaba por fin a su destino, La Moncloa. Eran las 5.45 horas.
El presidente, en su despacho privado espera a un gran amigo y compañero de partido desde hacía muchos años.
Tocaron a la puerta.
—Toc, toc ¿Se puede Sr. Presidente?
—Pasa Luis, no me toques los huevos, anda.
—¿Para qué carajo me haces madrugar tanto? ¿Qué coño quieres a estas horas?
—Jajajajajaja, ahora lo verás, necesito de tu pericia.
—No te entiendo, Mariano, de verdad, que a veces no hay quien te entienda.
—Pasa y siéntate —dijo el presidente mientras se levantaba de su sillón. Se acercó a uno de los muebles que adornaban el despacho, lo abrió y sacó una botella de Whyskey con dos vasos.
—¿Una copa para celebrarlo?
—Supongo que te refieres al “tinglao” que has formado esta madrugada, ¿me equivoco?
—No, así es.
—Pues ya puedes empezar a explicármelo.
Se oyeron unos golpes en la puerta.
—Adelante —Contestó el presidente.
Entró un agente del servicio secreto portando una jaula de animales tapada con un trapo.
—Déjelo encima de la mesa, ya puede retirarse.
Luis, intrigado le preguntaba a Mariano.
—Supongo que me aclararás esto.
—Claro, para eso te hice venir.
Agarró el trapo que cubría la jaula y lo quitó, dejando a la vista a una pequeña gata asustada acurrucada al fondo de la jaula que la tenía presa.
—Es Kitty, tu gata, eso ya lo sé.
—No, error, es mi plan de pensiones.
—¿Cómo?
Mariano, el presidente, abrió la puerta de la jaula, y con mucho cuidado agarró a la pequeña gatita.
La sostenía con las dos manos en alto, haciéndole carantoñas.
Luis lo miraba boquiabierto, «este tío es gilipollas».
La puso sobre la mesa y se sentó. La acariciaba con ternura, hasta que al fin le dijo a Luis:
—Sé que me tomas por loco, o peor, por gilipuertas, pero te equivocas, mira.
Le quito al felino el collar que llevaba y lo extendió sobre la mesa. Con la ayuda de un abrecartas lo rajó de principio a fin y, cual fue la sorpresa de Luis al ver que… ¡estaba relleno de diamantes! Que caían sobre el porta firmas del escritorio del presidente.
—¡Dios mío! Ahí debe haber millones, Mariano.
—Veinticuatro quilates, Luis, veinticuatro.
—¿Y qué pinto yo en esto? Has dicho hace un momento que era tu plan de pensiones.
—Así es, querido amigo. En poco, el “chiringuito” se nos desmorona, y quiero asegurarme las espaldas, y por supuesto mi futuro.
—Entiendo.
—Tú lo debes llevar a Suiza, a mi cuenta personal y secreta.
—¡No me jodas! Sabes que me están investigando por corrupción.
—Por eso mismo ¿quién va a pensar que un investigado va a seguir llevando riquezas a Suiza?
—Mierda, Mariano, me pones en un aprieto, sabes que no puedo…
—Luis, coño, que nos conocemos.
—Mariano, quiero cambiar, esto me podría destruir, eso si no me cogen con lo demás.
—¿Te parece bien el 20%?
—¿Cuando salgo para Suiza?

domingo, 22 de mayo de 2016

OPERACIÓN KITTY. (RELATO MUY CORTO).


Moncloa, 02:00 horas. El gabinete de crisis reunido desde hacía horas estaba nervioso, a la espera de noticias.
Inesperadamente el silencio reinante en la sala se rompe al sonar un teléfono. Que de inmediato es descolgado.
—Deme buenas noticias, por Dios.
Desde el otro lado de la línea y con una voz sosegada le contestan.
—Localizada, está en un chalet a las afueras de Benidorm, el lugar está ya altamente vigilado.
El teléfono es colgado sin contestar nada.
El hombre que descolgó el auricular se dirige solemnemente a los demás allí reunidos. Todos expectantes ante la llamada y en espera de buenas noticias.
El presidente, con los codos apoyados en la mesa, se tapaba la cara con las manos; la tensión superaba su aplomo. Algo tan valioso y querido para él, estaba en juego.
—Señores, presidente, localizado el objetivo.
—¡Adelante!
Otro de los presentes, militar, con un sinfín de medallas en el pecho, sonrió satisfecho; era su turno.
Levantó otro teléfono, de color rojo, y dijo escuetamente.
—Póngame con Rabasa, con el Mando de Operaciones Especiales.
A los pocos minutos, dos helicópteros Super Cougar elevaban su vuelo en la oscuridad de la noche en la ciudad de Alicante.
Aguerridos boinas verdes, volaban en pos de cumplir una misión, crucial para la estabilidad de su país, eran conscientes de la gravedad del asunto, aunque a excepción del jefe del grupo, el comandante Guirao, no conocían la identidad  del objetivo. Volaban en círculo una vez alcanzado el objetivo. Era la hora de actuar.
Mientras uno de los Super Cougar cubría al otro, se desplegó una cuerda desde uno de ellos, y utilizando la técnica del “Fast rope” bajaban a la velocidad del rayo todo el equipo.
Ya en la terraza, se desplegaron tácticamente. A una señal del jefe de equipo, descolgaron una cuerda de escalada por una de las paredes, la cual fue fuertemente anclada a uno de los postes que había en la terraza dónde estaban.
Dos miembros del equipo sacaron sus “ochos” y con mosquetones se engancharon en la cuerda, acto seguido comprobaron que el armamento estaba preparado y se deslizaron sin hacer el menor ruido por la pared; hasta llegar junto al lado de una ventana.
Uno de ellos entraría primero, cogió impulso y se echó hacia atrás impulsándose tan fuerte como sus piernas le dejaron, quedando en el aire, y entró por la ventana que se rompió haciendo un ruido estrepitoso. Acto seguido su compañero entró de la misma manera.
Desde la terraza se forzó la puerta y el resto del equipo accedió al edifico, a la carrera por las escaleras, fusiles en alto, bajaban en pos del objetivo.
Los que habían entrado por la ventana, apuntaban sus nuevos fusiles H&K G36 a una asustada mujer, que con cara de pánico, no se creía lo que le estaba pasando, ni en sus peores sueños hubiera pensado que una cosa así le pudiera pasar.
En tropel entraron el resto del equipo de asalto, derribando la puerta y, encontrándose a sus compañeros apuntando a una mujer, que se abrazaba a una pequeña gata.
El comandante Guirao, desde detrás de su pasamontañas y con voz gutural le dijo a aquella mujer aferrada a una pequeña gata como si la vida le fuera en ello… y le iba.
—Entrégueme a “Kitty”.
El equipo sorprendido, miró fijamente a su jefe, no entendía que estaba pasando.
—¡Sigan apuntando a la sospechosa!— Les recriminó Guirao ante sus miradas inquisitorias.
Obedecieron, era su deber.
La mujer extendió los brazos entregando la gatita al comandante, éste la cogió con mucho cuidado.
—¡Nos replegamos!
El ruido al salir de aquellos seis hombres fue ensordecedor. Subieron las escaleras, dónde uno de los Super Cougar les esperaba en vuelo estático a escasos centímetros del suelo de la terraza.
Subieron sin tardanza y comenzó el vuelo de regreso acompañado por el otro helicóptero que les cubría.
En el interior, bañados por una luz verde que iluminaba sus caras, las miradas de reproche de su equipo se hacían patentes. Ante esto el comandante, fiel cumplidor de las órdenes, sean las que fueran, sacó de su equipo un teléfono móvil vía satélite.
—Moncloa, aquí “lobo Azul”, misión cumplida, regresamos a la base.
Colgó el teléfono y lo guardó. Con su mano  izquierda sostenía a la pequeña gata, y con la derecha le acariciaba la cabeza.
En la casa, aún con el susto en el cuerpo, yacía sobre la cama tumbada una mujer, incrédula ante lo que acababa de suceder.
En el Gabinete de crisis se recibió la noticia con satisfacción, todo había salido bien. El presidente ya recompuesto les habló a los demás.
—Gracias, gracias a todos. No podía consentir que mi “Kitty” estuviera en manos de mi exmujer.
Se levantó y abandonó la sala.
La mujer que tumbada lloraba desconsoladamente, acrecentaba su odio sobre una persona.
«Nunca te perdonaré esto, Mariano…cabrón».
Los dos aparatos aterrizaron en Alicante, en el cuartel de Rabasa, con la misión cumplida y con mal sabor de boca. No tenían claro si los había utilizado o se habían burlado de ellos.
Ante esto, y sabiendo el malestar del equipo, su comandante y jefe  les dijo.
—Buen trabajo, señores, aunque no lo crean, han ayudado a que la gobernabilidad de España esté a salvo. Quizá está fuera de su entendimiento, pero que sepan que han contribuido a que “el chiringuito “ siga en pié.
En la cabeza de casi todos los miembros de equipo el sentimiento era común.
«¡La madre que os parió!, no estamos para esto».


LEÍDO AL PASAR...

... "Tan necesitado está este mundo de amor, que hasta algunas esposas han llegado a amar a sus propios maridos"...

¡QUÉ MALO! ¡QUÉ IVÁN!

"Desde los tiempos de Adán hasta este día, he sobrepasado a todos los pecadores. Bestial y corrompido he ensuciado mi alma".
Palabras de Iván IV, "El Terrible", en un acceso de lucidez que le duró poco.