.....

.....

viernes, 30 de junio de 2017

Ah, piratas,
de innoble nación,
sois como ratas,
de baja condición.
Las Malvinas,
Falkland no son,
sino Argentinas,
como nación.
Gibraltar,
robada perla,
a España regresar,
ingleses, devolvedla.
¡Preparen la munición!,
que lleno está el pañol,
devolved ese peñón,
¡que no es inglés, sino español!
De la fortuna espero,
que reciban un revés,
pues de tener ardo en deseo,
sus banderas a mis pies.

miércoles, 28 de junio de 2017

"LADRAN, SANCHO, SEÑAL DE QUE CABALGAMOS"

Resultado de imagen de imagen quijote y sanchoLa famosa expresión ‘Ladran, Sancho, señal que cabalgamos’ es ampliamente utilizada para señalar que algo o alguien avanza a pesar de las críticas, los impedimentos y los problemas que se le pueden ir presentando.
Durante muchísimo tiempo se tuvo la certeza de que dicha expresión había sido extraída de la obra Don Quijote de la Mancha, pero en ninguna de sus dos partes aparece referencia alguna. Ni tan siquiera algo que pueda asemejarse.
Todo parece suponer que fue el hecho de que esté incorporado el nombre de Sancho (fiel escudero del Hidalgo don Quijote) lo que hizo pensar que la frase pertenecía a la obra de Cervantes escrita a principios del siglo XVII.
La mayoría de expertos señalan que la primera constancia escrita de una expresión similar, y que podría haber dado origen a esta, fue obra del poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe, quien en 1808 publicó el poema titulado ‘Ladran’ (Kläffer), el cual decía:


En busca de fortuna y de  placeres,
mas siempre atrás nos  ladran,
ladran con fuerza…
Quisieran los perros del potrero,
por siempre acompañarnos,
pero sus estridentes ladridos,
sólo son señal de que cabalgamos

Fuente: Alfred López. 20 Minutos.

martes, 27 de junio de 2017

ESPAÑOLES CONTRA APACHES. DRAGONES DE CUERA.


El 4 de septiembre de 1886 el jefe apache (chiricaua) Gerónimo se rindió con apenas una treintena de sus guerreros ante un contingente de tropas americanas que sumaban 5.000 hombres. Tal era el miedo que despertó en Whasington su última fuga.

No hay casi nadie que no haya visto una película made in Hollywood sobre este jefe apache y las tropas de caballería. Sin embargo, pocos habrán oído como en 1779 quince soldados españoles, miembros de los dragones de cuera, derrotaron en Tucson (Arizona) a 300 apaches. Esta es su historia.
Los dragones de cuera eran las tropas encargadas de vigilar la peligrosa frontera Norte del Virreinato de Nueva España, donde una serie de misiones, en el caso de California, y de presidios, en los actuales estados de Arizona y Tejas, delimitaban la frontera en esa zona.
Los españoles tomaron contacto con apaches o comanches ya en el siglo XVI, entorno a 1540.
Los apaches eran un grupo de tribus como los Mescaleros, Navajos, Chricahuas, entre otros. Ante la necesidad de controlarlos y además por la petición de alguno de sus jefes se instaló una misión en Tucson, actual estado de Arizona en Estados Unidos, y un presidio -  un rancho fortificado donde vivían los soldados e incluso cultivaban la tierra - a unos cinco kilómetros de la misión.
Los apaches, tribu nómada, solía atacar ranchos aislados para robar ganado o algún suministro. Sin embargo, en 1779 se atrevieron a atacar la misión y el presidio de Tucson, probablemente confiados en su gran número, ya que solamente había allí un pequeño destacamento de 15 dragones de cuera.

Eran estos hombre duros de frontera. Todos voluntarios se alistaban por un periodo de 10 años. Iban armados con lanza, escudo, espada, daga, pistola y mosquete/carabina. Su nombre se debe a "la Cuera", una especie de abrigo/armadura hecha con duros cueros de animales.  Este abrigo que al principio cubría también las piernas no tenía mangas y era muy resistente. Hecha con hasta 7 capas de cuero era capaz de parar una flecha india. Inicialmente lo llevaban solo los oficiales después se incorporó como vestimenta de toda la tropa. No llevaba mangas y con los siglos se pasó a un modelo más ligero que solo cubría el torso a modo de coraza.

Volviendo al ataque a Tucson de 1779, los apaches confiados en su superioridad numérica no contaron con la experiencia y valor de los dragones de cuera. En vez de refugiarse en el presidio decidieron ser ellos los que se lanzaron al ataque contra los sorprendidos indios que, atónitos, no podían dar crédito a lo que veían sus ojos. El resultado fue que los españoles mataron a su jefe y clavaron su cabeza en una lanza para que todos los atacantes lo viesen bien, Esto hizo que los apaches huyesen despavoridos de Tucson.
En 1782 volvieron a la carga los indios, esta vez unos 600. Para su desgracia se encontraron con 45 soldados y 20 dragones de cuera. El resultado fue el mismo que en 1779.
Probablemente si esto hubiese sido protagonizado por norteamericanos hubiésemos vistos innumerables películas o series sobre los dragones de cuera, sin embargo hemos de conformarnos con las protagonizadas por los "Ranger de Texas" y Chuck Norris.

Fuente: KAPPO STORIAS: El blog personal de Rafael Rodrigo.

CASTELNUOVO 1539.

No hay texto alternativo automático disponible.3500 españoles vs 50.000 otomanos en Castelnuovo
En julio de 1539 Barbarroja dispuso los preparativos para asediar la fortaleza tanto en tierra como en el mar. La flota turco-berberisca que bloqueó el acceso desde el mar estaba al mando del propio Barbarroja y se componía de 130 galeras y 70 galeotas auxiliares tripuladas por 20.000 marinos veteranos. Mientras tanto, un ejército de 30.000 hombres dirigidos por el Ulema de Bosnia se desplegó en tierra. A pesar de su gran superioridad, y de que los defensores no disponían de alimentos frescos, los primeros asaltos fueron un fracaso para los musulmanes. Los turcos decidieron entonces ofrecer una rendición honrosa a los sitiados, pero Sarmiento se negó a aceptarla y les contestó que «viniesen cuando quisiesen».
Barbarroja decidió entonces recurrir a la artillería, que había ordenado desplegar en lugares estratégicos durante las negociaciones. Durante varios días los gigantescos cañones turcos bombardearon la plaza, como años atrás lo habían hecho con las mucho más resistentes murallas de Constantinopla o Viena, pero ni siquiera cuando las estructuras defensivas se desmoronaron y los defensores quedaron reducidos a sólo 600 hombres se rindieron. Al contrario, cuando los turcos asaltaron las ruinas los supervivientes se batieron espada en mano con ellos y les obligaron de nuevo a retirarse, cayendo un gran número de hombres en ambos bandos. Sarmiento y todos sus capitanes perecieron en los últimos combates, tras lo cual los 200 españoles, en su mayoría heridos, que aún quedaban en pie se rindieron. Algunos fueron ejecutados allí mismo, poco después de la batalla, y el resto fueron enviados como esclavos a Constantinopla.Los otomanos sufrieron más de 20.000 bajas,por toda Europa les dedicaron poemas y canciones a los bravos defensores españoles.

Fuente: Pinturas de guerra, Facebook.

domingo, 25 de junio de 2017

“CÍNICOS” LITERARIOS.



Me alaban,
y me vengo arriba,
me critican,
y me vengo abajo.
¡¿Pero qué carajo?!
Soy siempre el mismo,
 esté arriba,
o esté abajo.
Sé yo mejor que nadie,
lo que escribo,
sea o no de recibo,
Pero que opinar,
a día de hoy es gratis,
criticar y menospreciar,
ellos, por su sapiencia dirían denostar,
pero a mí me da igual.
 Ay, si hubiera que pagar…
por  nuestros pensamientos aportar,
para al iluso,
iluminar con tanta mente académica,
endémica,
y hasta colérica.
Se habla mucho,
del “título” de escritor,
tinta corre por doquier,
pero… ¡”quietor”!,
vamos a ver,
¿y del título de crítico?,
¿Quién lo ha de conceder?
Cuanto “cínico” literario.
Dejad el mundo correr,
y al prójimo sus versos componer,
sean bueno o malos,
¡¿qué más os da?!,
si no los vais a leer.
Crítico literario,
crítico cibernético,
te crees diccionario,
eres muy patético.

AL POETA PURISTA.


Leo tus versos,
y me atrapas con todos ellos,
al ver como estos,
son tan buenos y bellos.
Los míos son espartanos,
satíricos y mundanos,
perversos y maleducados,
y diría que hasta bastardos.
Pero son míos,
y por eso los amo.
No soy poeta,
ni lo quiero ser,
¿talento nulo?,
esa no es mi meta,
y he de reconocer,
que escribo como el culo.
Pero a mí me entretiene,
hacerlo bien a ti te preocupa,
a mí me divierte,
y tú ahí con el verso y la lupa.
Qué cada cual,
escriba lo que quiera,
a mí me da igual,
tanta regla y tanta métrica,
al final más de una,
es tan esperpéntica como tétrica,
eso sí, con toda su métrica.

sábado, 24 de junio de 2017

¿NAPOLEÓN BAJO? PUES NO.

En cuestión de tamaños y dimensiones, casi todo es relativo. Todo depende de con quién o con qué se compare. Y parece lógico pensar que para decir de alguien, en este caso Napoleón, que es alto o bajo, la altura media de la época sería un referente válido. Así que, si la altura media en Francia durante finales del XVIII y comienzos del XIX  era de 1.64 metros y Napoleón medía 1.69 metros, ¿por qué ha llegado hasta nuestros días la idea errónea de que era bajito? —incluso era un poco más alto que la media inglesa  con 1.68 metros—. En 1804 Napoleón Bonaparte creó la Guardia Imperial, un cuerpo de élite dentro de la Grande Armée, que inicialmente se encargaba de la seguridad personal del emperador. Con el tiempo esta unidad se convirtió en el cuerpo principal en combate y fiel reflejo del poderío militar francés de la época. Para formar parte de este grupo elitista había que cumplir una serie de requisitos, como haber servido un mínimo de 8 años en el ejército, saber leer y escribir, haber demostrado valor en la batalla y tener una altura mínima —1.78 metros para los Granaderos o 1.73 metros para los Cazadores—. Así que, si el grupo de soldados que rodeaban a Napoleón constantemente eran significativamente más altos que él, es lógico que éste pareciese bajito respecto su guardia. El origen de la causa, o culpa, es atribuida a dos personajes: el caricaturista británico James GY y, el otro responsable fue James Gillray, otro caricaturista británico famoso por sus ilustraciones basadas en sátiras sociales y políticas, siendo especialmente incisivo con el rey Jorge III y Napoleón. En dos de sus ilustraciones, basadas en Los viajes de Gulliver, representó al rey Jorge III y a un insignificante Napoleón.

Fuente: Historias de la historia, de Javier Sanz.